Con artimañas de prestidigitador detuve el tiempo, te transformé a vos, mi utopía, en mi medicina, y corrí atrás tuyo, te perseguí, te busqué, caminé al lado de tu sombra y hasta le conversé, le hablé de nosotros, de mí, de lo que me gusta y, también, de lo que no. Imaginé, inventé, volví a dormir, me reconcilié con el silencio, con la noche, volví a sentir el estrépito que genera el golpe del corazón contra mi pecho y volví a escribir. Y navegué lejos, conocí gente, historias, lugares, me hundí, me perdí, y lo sigo haciendo pero, de vez en cuando, alguien me salva, y toco tierra firme y sí, vuelvo a naufragar pero siempre con la seguridad de que más allá de tu mirada existe un mundo al cual estoy agarrada. El tiempo volvió a correr y me alcanzó, tus manos, que calmaron la sed en algún momento, hoy abrazan el viento, y la arena entierra un puñado de ilusiones, de secretos, y empieza la batalla, tremenda, contra el viento que intenta desentrañar viejos llantos, viejas ausencias. Y nuevamente alguien nos rescata, y un murmullo me despierta, los árboles lloran, nos lloran, y en algún lugar del mundo se escapa un suspiro, cae una lágrima, se rompe un corazón, un taxi se vuelve ambulancia y, por supuesto, alguien brinda por lo que no fue.
1 comentario:
muy refrescante tu texto, la verdad por lo que anduve viendo,sufriste cosas...ojala ahora estes bien.soy del space, andrés cristian. un abrazo.
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