Nuevamente todo se repite, una y otra vez vuelven idénticos los episodios, se trata de una especie de sucesión infinita de imágenes conocidas, de cosas ya vividas, de sensaciones y dolores ya experimentados. Como la de los Buendía, nuestra historia, también es circular y, como Macondo, está hecha de espejos o, mejor dicho, de espejismos. El problema era que yo no quería ser Aureliano Babilonia, yo no quería descifrar los pergaminos, no quería saber su contenido real, prefería seguir viviendo entre espejismos; pero entonces, y no de repente, pues fueron necesarias muchas y largas noches, "empezó el viento, tibio, incipiente, lleno de voces del pasado, de murmullos de geranios antiguos, de suspiros de desengaños anteriores a las nostalgias más tenaces" y tampoco me di cuenta, o no quise darme cuenta, hasta que llegó un momento en que el viento sopló tan fuerte que arrasó con todo, como estaba previsto, y fue imposible permanecer, inmutable, inmóvil, dentro del círculo. Ya nada quedaba, sólo las ruinas de algo que en su momento pareció invencible, eterno, pero no más que éso, sólo ruinas, escombros, pedazos de alegrías, de tristezas, pedazos de vida, de una vida lejana, pedazos que no podrían ser desterrados de la memoria sino que, por el contrario, se grabarían con una furza irreductible hasta el final de los días.
Y sí, fue necesario que soplara el más terrible de los vientos para que aquella circularidad se transformara en una línea zigzagueante e incierta, "porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra". En nuestro caso tuvimos segundas, terceras, cuartas....
Y sí, fue necesario que soplara el más terrible de los vientos para que aquella circularidad se transformara en una línea zigzagueante e incierta, "porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra". En nuestro caso tuvimos segundas, terceras, cuartas....
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